¿Puedo ser AT de mi hijo?
¿Puede una madre o un padre ser el acompañante terapéutico de su hijo con TEA? Fiamma Polzoni explica el rol del AT y qué conviene para quien es acompañado.

La Téc. AT Fiamma Polzoni, docente de Asociación PSI, explica cuáles son los roles y la forma de trabajo de un acompañante terapéutico. Cuando un hijo o un familiar cercano tiene diagnóstico de TEA, ¿es posible ocupar el rol de su AT? ¿Qué es lo más beneficioso para la persona acompañada y cuáles son las decisiones más convenientes?
La respuesta corta: no, y hay buenas razones
Aunque una madre o un padre tenga formación en acompañamiento terapéutico, no puede ser el AT de su propio hijo. El acompañante terapéutico es un profesional de la salud mental que le da continuidad, en la vida cotidiana, al proceso que la persona lleva adelante en su tratamiento. Y para eso necesita algo que un familiar no puede tener: un vínculo profesional con la persona acompañada.
<p>Ese vínculo es muy distinto al de un padre con su hijo. El AT tiene una mirada objetiva, cuenta con supervisores que lo ayudan a sostenerla y respeta el secreto profesional. Un familiar, en cambio, está atravesado por el afecto: es imposible mirar con distancia el padecimiento de alguien que amamos, y no reaccionamos igual ante un ataque de pánico o una conducta agresiva de un hijo que ante la de una persona a la que acompañamos profesionalmente. Además, los padres son la autoridad del hogar, mientras que el AT se ubica como un semejante de la persona acompañada, no como una autoridad. Mezclar los dos roles termina afectando a ambos.</p>
La respuesta corta: no, y hay buenas razones
Aunque una madre o un padre tenga formación en acompañamiento terapéutico, no puede ser el AT de su propio hijo. El acompañante terapéutico es un profesional de la salud mental que le da continuidad, en la vida cotidiana, al proceso que la persona lleva adelante en su tratamiento. Y para eso necesita algo que un familiar no puede tener: un vínculo profesional con la persona acompañada.
<p>Ese vínculo es muy distinto al de un padre con su hijo. El AT tiene una mirada objetiva, cuenta con supervisores que lo ayudan a sostenerla y respeta el secreto profesional. Un familiar, en cambio, está atravesado por el afecto: es imposible mirar con distancia el padecimiento de alguien que amamos, y no reaccionamos igual ante un ataque de pánico o una conducta agresiva de un hijo que ante la de una persona a la que acompañamos profesionalmente. Además, los padres son la autoridad del hogar, mientras que el AT se ubica como un semejante de la persona acompañada, no como una autoridad. Mezclar los dos roles termina afectando a ambos.</p>
Qué hace un AT y qué no
El AT llega porque hay un equipo tratante que considera que su trabajo va a mejorar la calidad de vida de la persona, y trabaja de forma interdisciplinaria con ese equipo. No reemplaza a la familia: le brinda herramientas y trabaja en conjunto con ella. Al empezar, acuerda con los padres o tutores qué va a hacer y qué no. Algunos límites claros:
- No cumple el rol de psicólogo de la familia.
- No realiza tareas de higiene y confort. Puede acompañar el aprendizaje del autovalimiento, por ejemplo con pictogramas y en coordinación con terapia ocupacional, pero no asiste físicamente.
- No pone las normas de la casa ni impone sus creencias.
- No es un amigo ni una niñera: todo lo que hace tiene una finalidad terapéutica.
Qué hace un AT y qué no
El AT llega porque hay un equipo tratante que considera que su trabajo va a mejorar la calidad de vida de la persona, y trabaja de forma interdisciplinaria con ese equipo. No reemplaza a la familia: le brinda herramientas y trabaja en conjunto con ella. Al empezar, acuerda con los padres o tutores qué va a hacer y qué no. Algunos límites claros:
- No cumple el rol de psicólogo de la familia.
- No realiza tareas de higiene y confort. Puede acompañar el aprendizaje del autovalimiento, por ejemplo con pictogramas y en coordinación con terapia ocupacional, pero no asiste físicamente.
- No pone las normas de la casa ni impone sus creencias.
- No es un amigo ni una niñera: todo lo que hace tiene una finalidad terapéutica.
¿Y en la escuela?
Tampoco. Los familiares no pueden acompañar a sus hijos dentro de la institución educativa, salvo en momentos puntuales como la adaptación al nivel inicial. Cuando un chico necesita apoyo en la escuela, lo brinda un profesional como acompañante externo, que debe ser aprobado por la obra social o la prepaga, por la escuela y por la autoridad educativa de cada jurisdicción.
¿Y en la escuela?
Tampoco. Los familiares no pueden acompañar a sus hijos dentro de la institución educativa, salvo en momentos puntuales como la adaptación al nivel inicial. Cuando un chico necesita apoyo en la escuela, lo brinda un profesional como acompañante externo, que debe ser aprobado por la obra social o la prepaga, por la escuela y por la autoridad educativa de cada jurisdicción.
Cómo puede acompañar la familia
Que los padres no puedan ser el AT de su hijo no significa que no tengan un papel central. Al contrario: el acompañamiento funciona mucho mejor cuando la familia se involucra desde su propio lugar.
- Formarse e informarse: hacer cursos sobre la condición de su hijo da muchísimas herramientas para la vida en casa, aunque no habilite a ocupar el rol de AT.
- Preguntar: las familias tienen derecho a entender el diagnóstico y el tratamiento, y los profesionales tienen la obligación de explicarlo.
- Sostener lo que se trabaja: si en el acompañamiento el chico aprende a cortar la comida solo, cuando el AT se va no hay que volver a cortársela. Sin querer, eso deshace el trabajo.
- Mantener la vida cotidiana: el AT trabaja sobre la realidad de cada casa. No hace falta mostrar una familia perfecta, porque ninguna lo es.
- Elegir con confianza: conviene tener una entrevista previa con el AT y, si el vínculo no funciona, no dejar pasar mucho tiempo para buscar otro profesional.
- Cuidarse: madres, padres y familiares también necesitan cuidar su propia salud mental.
<p>El objetivo del acompañamiento no es que el AT sea necesario para siempre, sino que la persona gane autonomía y que la familia pueda disfrutar de un vínculo sano, sin dependencias.</p>
Cómo puede acompañar la familia
Que los padres no puedan ser el AT de su hijo no significa que no tengan un papel central. Al contrario: el acompañamiento funciona mucho mejor cuando la familia se involucra desde su propio lugar.
- Formarse e informarse: hacer cursos sobre la condición de su hijo da muchísimas herramientas para la vida en casa, aunque no habilite a ocupar el rol de AT.
- Preguntar: las familias tienen derecho a entender el diagnóstico y el tratamiento, y los profesionales tienen la obligación de explicarlo.
- Sostener lo que se trabaja: si en el acompañamiento el chico aprende a cortar la comida solo, cuando el AT se va no hay que volver a cortársela. Sin querer, eso deshace el trabajo.
- Mantener la vida cotidiana: el AT trabaja sobre la realidad de cada casa. No hace falta mostrar una familia perfecta, porque ninguna lo es.
- Elegir con confianza: conviene tener una entrevista previa con el AT y, si el vínculo no funciona, no dejar pasar mucho tiempo para buscar otro profesional.
- Cuidarse: madres, padres y familiares también necesitan cuidar su propia salud mental.
<p>El objetivo del acompañamiento no es que el AT sea necesario para siempre, sino que la persona gane autonomía y que la familia pueda disfrutar de un vínculo sano, sin dependencias.</p>