Gerontología y Cuidados

Cuidados paliativos: cuidar la integridad hasta el final

5 de septiembre de 2025 · Editorial · Por Asociación PSI

Los cuidados paliativos no son resignación: son otro modo de acompañar. Qué aportan al cuerpo, a la salud mental y a quienes cuidan a una persona enferma.

Manos jóvenes sosteniendo las manos de una persona mayor, que tiene un ramito de flores amarillas

Hay palabras que solemos esquivar. Una de ellas es «paliativo». Parece sonar a despedida, a resignación, a un «ya no se puede hacer nada más». Sin embargo, los cuidados paliativos se ubican en el extremo opuesto de esa idea: no son un «fin», sino un modo distinto de acompañar.

Más allá de la medicina curativa

Desde lo clínico, los cuidados paliativos son el arte de aliviar el dolor y el sufrimiento cuando la enfermedad deja de ser reversible. No se trata de prolongar innecesariamente la vida, ni de acortarla: se trata de mejorarla en el tramo en que está. El médico que se dedica a esto deja de lado la obsesión por los valores del laboratorio y se concentra en algo más básico y, a la vez, más profundo: que la persona pueda respirar sin angustia, dormir sin sobresaltos, tener menos dolor, comer lo que le gusta. Lo cierto es que hacen falta más profesionales preparados para hacerlo. En Argentina, según datos de la Asociación Argentina de Medicina y Cuidados Paliativos, solo 1 de cada 10 personas que los necesita accede a esta atención especializada. Y no es por falta de demanda: es porque aún son pocos los equipos entrenados y la formación en paliativos no está integrada de manera sistemática en todas las carreras de salud. Médicos, enfermeros, trabajadores sociales y acompañantes necesitan herramientas concretas para aliviar, porque cuidar también requiere conocimiento.

La salud mental: vivir con lo inevitable

En el terreno de la salud mental, los paliativos no se reducen a analgésicos o sedantes. Son también palabras, gestos y silencios que sostienen. Quien atraviesa una enfermedad avanzada suele enfrentarse a preguntas difíciles: ¿qué me queda por hacer?, ¿cómo quiero despedirme?, ¿qué sentido tiene lo que viví? No hay respuestas únicas. Lo importante es contar con un entorno que acompañe esos procesos con respeto. A veces se trata de conversar, otras veces de compartir un silencio, y muchas de habilitar el derecho a expresar tristeza o bronca sin ser juzgado. Aquí el rol del cuidador se vuelve central. Puede ser un familiar, un amigo o un acompañante capacitado. Es quien ayuda a organizar la vida cotidiana, a detectar cuándo pedir ayuda profesional, a sostener emocionalmente y también a cuidarse a sí mismo para no quedar desbordado. Porque una enfermedad grave no afecta solo a quien la padece: sacude a toda la red que lo rodea.

Lo que los paliativos enseñan

Uno de los grandes mitos es que los cuidados paliativos son “para los últimos días”. En realidad, cuanto antes se integran, mayor es el alivio. Permiten planificar, evitan internaciones innecesarias y ayudan a que el tránsito de la enfermedad sea más sereno. No se trata solo de prepararse para el final, sino de mejorar el mientras tanto. Por eso, hablar de cuidados paliativos es hablar de calidad de vida. De un abordaje que combina la medicina con la sensibilidad, lo físico con lo emocional, lo técnico con lo humano. No buscan milagros, pero sí logran algo esencial: que el tiempo que queda, sea mucho o poco, se viva con dignidad.