Estrés postraumático en desastres ambientales
A partir de la inundación de Bahía Blanca, Mariana Yuvone y Fiamma Polzoni hablan del estrés postraumático tras un desastre y cómo acompañarlo.

En este vivo de Instagram, la Lic. Mariana Yuvone y la Téc. AT Fiamma Polzoni, docentes de Asociación PSI, conversaron sobre la salud mental en casos de desastres ambientales. A partir de la inundación que afectó a la ciudad bonaerense de Bahía Blanca en marzo de 2025, abordaron la importancia de trabajar el estrés postraumático y las complicaciones que pueden surgir en personas que ya reciben algún tipo de tratamiento psicológico.
Trauma no es lo mismo que enfermedad
Una catástrofe como la inundación de Bahía Blanca deja a muchas personas, además de bajo el agua, emocionalmente desbordadas. Vivir una situación traumática no significa desarrollar un trastorno: así como un golpe puede dejar un moretón sin llegar a romper un hueso, muchas reacciones emocionales son esperables y pasan con el tiempo. Pero cuando el estrés se sostiene, puede derivar en problemas como el estrés postraumático, la ansiedad o la depresión. Por eso es importante distinguir dos momentos: los primeros auxilios psicológicos, en lo inmediato, y el tratamiento de lo que puede quedar después.
Primeros auxilios psicológicos
En los primeros días no hay un proceso terapéutico ni un vínculo previo: hay una persona que acaba de perderlo todo y que necesita, sobre todo, ser escuchada. Cualquiera puede aprender a brindar un primer auxilio psicológico, sin ocupar el lugar de un terapeuta. Algunas claves:
- Escuchar y estar presente: a veces alcanza con un abrazo, una mano o un silencio compartido. No obligar a nadie a hablar si no está listo.
- Validar el dolor, sin comparar: perder la casa entera, las fotos de un ser querido o una mascota son pérdidas igual de válidas. Frases como «podría haber sido peor» o «tenés que estar bien» invalidan lo que el otro siente.
- No prometer lo que no se sabe: nadie puede asegurar cuándo va a estar todo bien.
- Dar información confiable: si se recomienda un lugar de ayuda, confirmar antes que esté funcionando.
- Cuidarse uno primero: como con las mascarillas en un avión, para sostener a otro hay que estar bien. No todas las personas están preparadas para intervenir en una catástrofe, y reconocer los propios límites también es valiente.
<p>Hay que prestar atención, además, a las personas que ya estaban en tratamiento antes de la catástrofe: interrumpir una terapia o una medicación de golpe puede hacer que los síntomas vuelvan con más fuerza.</p>
Qué es esperable y qué puede aparecer después
En los días posteriores es frecuente que aparezcan síntomas que no indican, por sí solos, un trastorno: estado de alerta ante cualquier nube o lluvia, insomnio, miedo, irritabilidad, llanto o su ausencia, cansancio y dificultad para concentrarse. También aparece el duelo: por las personas, por las cosas, por los recuerdos y por los proyectos que se llevó el agua.
<p>Con el paso del tiempo pueden aparecer pesadillas, recuerdos que se imponen, la evitación de ciertos lugares, una sensación de peligro constante, cambios de humor o aislamiento. Sin apoyo, aumenta el riesgo de que esto se transforme en estrés postraumático, ansiedad o consumo de sustancias. Y hay que estar atentos a quienes, en un primer momento, se mostraron fuertes para sostener a los demás: muchas veces la angustia aparece semanas después.</p>
Los chicos y las personas mayores
Los chicos pueden quedar con mucho miedo a las tormentas, la lluvia o el viento, y tener terrores nocturnos o volver a mojar la cama, algo que no es un retroceso, sino una forma de expresar lo vivido. Ayuda hablarles con la verdad, de acuerdo con su edad, validar lo que sienten y poner en palabras lo que sentimos los adultos («me asusté mucho cuando se cortó la luz»). Que vean a un adulto llorar no está mal. Y el juego es una gran herramienta: jugar a la tormenta, a que se corta la luz, a que hay agua, les permite procesar lo que vivieron. Las personas mayores, por su parte, pueden haber perdido recuerdos que eran parte de su identidad, y también necesitan atención especial.
La recuperación es un proceso
Así como se habla de recuperar la luz, las calles o el transporte, también hay que pensar en la recuperación de la salud mental de las personas afectadas. Lleva tiempo y es distinta para cada uno, por eso no conviene comparar. Ayuda volver de a poco a una rutina, plantearse objetivos cortos («qué puedo hacer hoy, qué puedo hacer mañana») y sostener los vínculos. Los espacios grupales son un buen recurso para quienes no pueden o no quieren empezar una terapia individual. Y si con el tiempo algo no mejora, en adultos o en chicos, es momento de buscar ayuda profesional.